Cristian Valdivieso H. | Premio Nacional de Innovación en Minería y Metales
11/07/2026

Hoy, sábado 11 de julio del 2026, se cumplen 55 años desde que el estado de Chile roba con la unianimidad de la clase política, la infraestructura productiva del cobre en 1971.
“Chile va nacionalizar el cobre en virtud de un acto soberano. Acto soberano que incluso está consagrado en las resoluciones de las Naciones Unidas, que establecen que los países tienen derecho a nacionalizar sus riquezas básicas”.
Hasta ese momento, comprar acciones (por parte del estado) de las empresas que producían cobre en el país, era una buena forma de respetar el derecho de propiedad de quiénes invirtieron en la búsqueda de recursos, trajeron la tecnología, los equipos de carguío, construyeron las plantas de proceso, campamentos e hicieron carne el círculo virtuoso de la gran minería. Las ideas colectivistas estaban entrando paulatinamente en el país y siendo el cobre la principal riqueza y exportación nacional, la transformaba en un botín suculento para los políticos.
Desde ahí, Frei Montalba comienza reformas estructurales y comienza la “chilenización del cobre” con los lineamientos de CEPAL y ONU, que estaban con la sustitución de importaciones como moda en la época. Si bien fue un proceso un poco más justo, dado que se adquirió el 51% de las acciones a las empresas (Anaconda y Kennecott, principalmente)
Bastaron unos años para que al finalizar su mandato, con el triunfo de la unidad popular, se pasa a las ideas socialistas más puras de nacionalizar y estatizar la minería, con una votación unánime del congreso dónde se modifica la constitución (Ley 17.450) estableciendo que el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo e inalienable de todas las riquezas mineras del país, proclamado en Rancagua por Allende: “Chile va nacionalizar el cobre en virtud de un acto soberano. Acto soberano que incluso está consagrado en las resoluciones de las Naciones Unidas, que establecen que los países tienen derecho a nacionalizar sus riquezas básicas”.
Los colectivistas creen en la teoría valor trabajo, en la que erróneamente se cree que el valor está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir un bien, por lo que no era sorpresa que intentaran hacer lo mismo con el suelo, ya que no importa nada más que los recursos nacionales que se roban por empresas extranjeras, tema que hasta el día de hoy, muchos profesan. Es importante notar que la totalidad de los recursos naturales del país, de Arica a Punta Arenas, desde nuestras millas marinas a la cordillera de Los Andes, suman exactamente $0. Puede sorprender, más, es la realidad, dado que los recursos naturales, al tener múltiples usos y valores subjetivos atractivos, detonan que los empresarios busquen dónde se encuentra, hagan las perforaciones, evalúen las leyes, creen los proyectos, busquen el financiamiento, corran los riesgos, pasen por la permisología, sean chantajeados por comunidades, construyan las mineras, hagan sus procesos hasta que la tierra se transforme en cobre, momento en el que recién cobra valor, por lo que antes de eso, era solo tierra.
Volviendo a lo ocurrido, nacionalizar el cobre, fue un vulgar ardid avalado por toda la clase política, para que se expropiaran (se robara sin dar nada a cambio, por decreto) todas las capacidades productivas instaladas que dan valor al cobre, Chuquicamata, El Salvador, El Teniente, Andina y Exótica, que al poco tiempo pasarían a llamarse Codelco, con los lamentables resultados que hoy vemos después de un superciclo vigente y los mejores precios de la historia del cobre, creando disputas legales internacionales contra el país, por el justo reclamo de la no protección de la propiedad privada, derecho humano inalienable que hasta las naciones unidas protegen.
La instalación de las mineras les daba al país tecnología, creación de trabajos, nacimiento de proveedores, carreras universitarias relacionadas al tema, en suma todo un ciclo virtuoso de crecimiento, con los impuestos correspondientes, lo cual beneficiaba a todo el país por dónde se mire, más apelando a la “explotación” de los capitales extranjeros, que constituían verdaderos “enclaves” dentro de territorio nacional, visibilizando al minero casi como un esclavo,, se genero el relato para que la nacionalización se hiciera una lamentable realidad.
55 años más tarde, mientras posiblemente el gobierno de turno puede que lo celebre y caiga en el juego del “cobre de todos los chilenos”; viendo la historia en retrospectiva, al país le costó que el cobre fuera embargado en destino, como compensación por el robo, mostrando una pésima imagen país, que luego mejoró, sumó competencia de inversiones privadas en el área y retomando el curso de la minería en el país, bajo un resguardo institucional que duró hasta finales de los 90s dónde se comenzaron a planificar alzas de impuestos, royalties y otras maneras de expropiación en cámara lenta hacia la minería del país. Nos quedamos con una empresa “de todos los chilenos” que solo sirve a sus directores, ejecutivos y sindicatos, siendo una caja paadora de favores políticos, con la peor productividad de la industria, que ahora mantiene una deuda sobre USD$ 25.000 millones (35% del valor empresa aproximadamente) con yacimientos agotados, de baja ley y mineras privadas aportando más que la estatal, sin tomar en cuenta la seguidilla de accidentes fatales, compromiso de la gobernaza que no está haciendo su trabajo y tantos otros temas.
Es un buen momento para mirar al futuro y ver la mejor solución para que una empresa que podría ser bien administrada, que pueda levantar capital para sus proyectos (y no para usar de deuda pública) sea traspasado a privados manteniendo un control a nivel accionario que deje al país como rentista mientras quienes realmente saben y dependen de su éxito, la operen, dando utilidades por acción al estado para usar esos fondos para financiar por ejemplo la PGU, buscando no incurrir en deuda ni forzar el gasto?. Hoy tenemos competencias fuertes de Perú en el ámbito minero, que nos ganan por costo, tramitación, mano de obra, disponibilidad de agua y muchas otras ventajas comparativas, teniendo la misma veta del norte chileno, sumado al RIGI de argentina, que está tomando mucha fuerza para invertir con alfombra roja, mientras nosotros tenemos un comité creativo que se dedica a poner trabas a la inversión minera.
Estamos atrasados para realizar los cambios necesarios para reactivar la minería en nuestro país, pero tenemos el consuelo de haber desarrollado un know how de exportación y quienes hemos tenido la oportunidad de ser mineros fuera del país, sabemos lo cotizados que somos y lo bien que nos reconocen, lo cual debería generar la valoración de los mineros nacionales para poner sus conocimientos al servicio de nuestros vecinos que, a diferencia nuestra, ya entendieron el camino correcto.